Cuando Jordan nació hace ocho años [en el momento en que escribo esto] con síndrome de Down, nos preguntamos cómo iba a acoplarse a nuestros amigos y sus familias. ¿Caería bien a sus hijos? ¿Tendrían problemas nuestros viejos amigos contándonos los logros de sus hijos? ¿De ahora en adelante, tendríamos que hacer amigos sólo con padres de niños con discapacidad, para que nos pudieran entender? Teníamos tantas incógnitas, pero gracias a Jordan pudimos encontrar esas respuestas y muchas más. Jordan nos ha ayudado a llenar nuestras vidas de bondad. ¡Atrae amigos de alta categoría! Nos ha traído a Mike, un chico con creatividad y talento a quien le gusta jugar con Jordan porque "Jordan tiene una imaginación estupenda". Nos ha traído a Lori, una mujer a quien yo no habría conocido tan bien si no fuera por él. No hay nada mejor que la bondad segura de una amiga que no ha notado nada distinto en Jordan además de su personalidad singular.
Lori es una de esas mujeres que lo tienen todo - atractivo, inteligencia, una familia magnífica y una casa preciosa. Hace poco se ofreció como voluntaria a la escuela en el mismo turno en el que yo estaba y se sentó a mi lado en la sala de lectura de los niños de primer grado. Jordan, que todavía estaba en pre-escolar, se acercó a nosotras y se puso a leer por su cuenta mientras esperaba la campana de la tarde. Yo le había preparado el almuerzo para que no tuviera que ir corriendo a casa a comer y luego volver a clase con prisa. Lori se asombró a la forma con que se sentaba y leía tan felizmente. Con el tiempo, Jordan y Lori empezaron a compartir el almuerzo. Él se sentaba a su lado y ella le cogía sus galletas o zanahorias. Pronto Jordan me empezó a pedir artículos especiales para su almuerzo "porque le gustan a la Sra. Pixley". Y así nació una amistad para mí también.
Cuando le escuchaba a Lori hablar de Jordan, me di cuenta de que no se refería al síndrome de Down al hablar de él. Le encantaban su risa fácil, sus deseos de compartir (se comía lo que él le traía, aunque no estuviera en su dieta), y su cariño incondicional por ella. Pronto nuestras familias completas empezaron a hacer cosas juntas y nuestra amistad cundió. Una tarde la escuela organizó una fiesta de patinaje sobre hielo. Lori y yo traímos a nuestros hijos y todos patinaron. Jordan se cayó muchas veces pero lo pasó en grande. Mi marido nos acompañó a la pista y patinó cara atrás para enseñarle a Jordan a patinar. Jordan dio una vuelta completa a la pista cayéndose sólo dos veces, y en la mirada de Bill se reflejaba su orgullo de padre.
Unos días después, la familia Pixley y la nuestra fuimos a un partido de hockey de las Víboras de Detroit. Mientras los otros niños pedían golosinas, juguetes, camisetas o recuerdos, Jordan se enfrascaba en todos los momentos del partido. Seguía el juego con gran intensidad. A fin de cuentas, estaba en un partido de hockey. Jordan vive claramente en el presente.
En esa ocasión Lori me dijo todo lo que pensaba de Jordan. Le costaba encontrar las palabras para decirme que en lo más hondo, me envidiaba a mí y a mi familia. Cuando vayan creciendo sus hijos, habrá muchos logros que celebrar en su camino, pero nunca con la misma alegría inconfundible que sentimos con algo tan sencillo como ver a Jordan patinar en una pista de hielo. Nosotros tenemos la oportunidad de ver lo más bello de la vida, y eso lo envidiaba. Nos entiende perfectamente. Y nos ha bendecido con una amistad que durará toda la vida.