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Thoughts

Vidas cambiadas para siempre: un testimonio del corazón

Friday, August 13, 2004 @ 12:58 AM


Quería sostener y amamantar a mi recién nacido, pero el médico seguía dándome pretextos para mantenerlo lejos de mí. Cuando llegó mi marido, nos dieron la noticia - nuestro hijo tenía síndrome de Down. Se me hizo un nudo en la garganta y me faltaba aire que respirar. Sabía que mi vida había cambiado para siempre.

Mirando atrás, estoy segura de que mi temor nacía de mi ignorancia sobre el síndrome de Down. Me preocupaba su apariencia, si aprendería a usar el orinal, si caería bien a sus compañeros de clase y si tendría a alguien con quien ir a la fiesta de fin de curso. Yo pensaba demasiado en el futuro.

En esto llegó la magia. Cuando tomé a mi hijo en brazos, ya no pertenecía a una clasificación de personas que yo no comprendía. Se convirtió en Jordan, mi hijo pequeño. Pronto llegaría a ser todavía más.

Como a mí siempre me había ido bien académicamente, yo siempre había prestado mucha importancia al nivel intelectual. Mi marido tenía el mismo aprecio por el deporte. Obviamente, Jordan no seguiría ni sus pasos ni los míos. ¡Pero menudo camino se está forjando! Sus pequeñas pisadas avanzan de una manera que no juzga a nadie pero embelesa a todo el mundo. Nos ha enseñado a tener más paciencia con nuestros otros hijos cuando no sacan buenas notas o cuando se distraen buscando tréboles de cuatro hojas en la hierba durante los partidos de béisbol.

Es verdad que nuestra vida ha sido diferente, pero ahí está la ironía: nuestra vida ha sido mucho mejor desde que nació Jordan de lo que nos podríamos haber imaginado. Disfrutamos de los detalles. Escuchamos el silbido del viento. Sabemos que ni el éxito académico ni el atlético miden la felicidad de ninguno de nuestros hijos.

Cuando miro atrás a los primeros días y al miedo que teníamos por el futuro de nuestro hijo, deseo que hubiésemos tenido más información positiva. Todo sonaba tan pesimista y tan clínico, "… su hijo nunca podrá…no espere que llegue a…le costará más poder dominar…" El libro que me dieron estaba lleno de tablas y gráficos que predecían el desastre. Las fotos eran de niños que habían sido institucionalizados y a los que les faltaba la chispa en los ojos. Pero en la mirada de mi Jordan no había ningún síndrome defraudante, sino una verdadera chispa. Por eso me decidí a producir Caras Bonitas.

Este calendario muestra a preciosos niños con síndrome de Down disfrutando de sus actividades diarias con sus amigos. Esto es lo que han llegado a ser mi hijo y otros como él. Chicos estupendos que se ríen y juegan y se enfadan cuando se les dice que "no". Chicos que corren a la puerta cuando viene la abuelita y se sientan en el regazo de su abuelo para que les cuente un cuento.

Espero que Caras Bonitas llegue a manos de los nuevos padres enseguida, y les ayude a ver la estupenda vida que les espera, para ellos, para su hijo con síndrome de Down, y para sus hermanos, tíos y abuelos a los que se les ha bendecido con una nueva manera de ver las cosas. Todos los niños son creados iguales. ¡Algunos tienen la difícil labor de tener que convencernos!

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